Espectáculos

Crónica: El atardecer en el SUMMIT One Vanderbilt, un refugio de cristal sobre Manhattan

Por Raúl Zapata , director de ABC MUNDIAL Colombia

La jornada comenzó con el ritmo pausado pero inconfundible de los fines de semana en Manhattan. Tras arribar a la emblemática estación de Penn Station en un domingo deslumbrante y excepcionalmente soleado, decidimos encarar el trayecto a pie. Caminar esas pocas cuadras con el cielo despejado sobre nuestras cabezas nos permitió tomar el pulso de la ciudad a paso firme, apreciando el contraste entre la vibrante vida urbana y la arquitectura señorial que conecta el centro neurálgico del transporte neoyorquino con la majestuosidad de la calle 42.

Nuestra presencia en el lugar respondía a un hito muy especial. Invitados por la organización para vivir la experiencia en el SUMMIT One Vanderbilt, este recorrido condensaba la perspectiva analítica y el registro de un viaje periodístico con la cercanía y la calidez de un itinerario en familia. Al llegar al complejo, el primer gran impacto no fue de altura, sino humano: la hospitalidad, la calidez y los precisos consejos del equipo de Relaciones Públicas y Comunicaciones del SUMMIT resultaron fundamentales para orientar nuestra visita y sacarle el máximo provecho a cada rincón del espacio.

A las 5:00 en punto de la tarde cruzamos el umbral de ingreso. La elección de la hora no fue fortuita: coordinar el acceso a esa hora exacta nos garantizaba presenciar el cambio de fase lumínica, uno de los espectáculos más deslumbrantes que puede ofrecer la ciudad de los rascacielos.

Entre espejos y la inmensidad del cielo

El ascenso en los ascensores panorámicos de alta velocidad fue apenas el preludio de una inmersión sensorial completa. Al abrirse las puertas en las alturas del One Vanderbilt, la propuesta arquitectónica y las instalaciones de arte interactivo —como la célebre obra Air, ideada por Kenzo Digital, con sus célebres juegos de espejos infinitos— crearon de inmediato una sensación de ingravidez y continuidad espacial. El Empire State Building y el icónico Edificio Chrysler no solo se divisaban en el horizonte, sino que parecían flotar reflejados en cada superficie al alcance de la mano.

Para el ojo periodístico, la propuesta representa una magistral convergencia entre tecnología, arte contemporáneo y la evolución del turismo de observación urbana. Sin embargo, su valor más destacable radica en su carácter integrador: el SUMMIT está concebido como una atracción idónea para todas las edades. Tanto los más jóvenes como los adultos encuentran espacios de interacción, sorpresa y contemplación compartida, haciendo del recorrido un destino plenamente familiar donde la sorpresa es transversal a cada generación.

Un detalle sorprendente y el espectáculo del crepúsculo

En medio de una infraestructura donde cada metro cuadrado está diseñado para asombrar, el mirador cuenta con curiosidades arquitectónicas que se han convertido en atracciones por derecho propio. Una de las sorpresas más comentadas por los visitantes —y que pudimos comprobar en primera persona— es el mirador ubicado en el sector de los sanitarios. Con ventanales panorámicos de piso a techo que se abren de manera directa e ininterrumpida al skyline de la ciudad, este espacio transforma una pausa rutinaria en una experiencia visual absolutamente espectacular e inusual a cientos de metros de altura.

Conforme los minutos avanzaban hacia la noche, la atmósfera del recinto cambió por completo. Decidimos quedarnos en las plataformas vidriadas para presenciar la transición paulatina del día a la noche. La luz solar, intensa en su inicio, fue cediendo paso a una paleta de tonos dorados, anaranjados y violáceos que bañaron los edificios circundantes. Poco a poco, las avenidas y los rascacielos de Manhattan comenzaron a encender sus luces, transformando el paisaje urbano en un deslumbrante mar de constelaciones terrestres.

Opciones de acceso y una experiencia inolvidable

El acceso a esta propuesta de vanguardia cuenta con diferentes alternativas adaptadas al tipo de visita que busque cada viajero. Las tarifas de ingreso comienzan desde los 44 dólares para la entrada básica (SUMMIT Experience), la cual permite el recorrido completo por las salas de arte inmersivo y las plataformas de observación. Por su parte, la opción más popular y elegida por el público ronda los 68 dólares (SUMMIT Ascent), e incluye el impresionante ascenso en el ascensor transparente de cristal Levitation que se eleva por fuera de la estructura del edificio sobre la avenida Lexington.

Permanecer en lo alto hasta que la penumbra envolvió por completo la silueta de Nueva York confirmó por qué el SUMMIT One Vanderbilt se ha afianzado como una parada imprescindible dentro del circuito turístico mundial. Al descender y retornar a la dinámica de las calles neoyorquinas, no solo nos llevamos las notas y apuntes de una cobertura profesional, sino también el recuerdo de una vivencia familiar que combinó atención de primer nivel, innovación arquitectónica y un atardecer que quedará grabado en la memoria.