La guerra en Irán complica a Colombia
La profundización de la guerra en Irán ha dejado de ser un evento lejano para convertirse en una amenaza para la estabilidad económica colombiana. Los reportes oficiales y el comportamiento de los mercados internacionales dibujan un escenario de urgencia: mientras el Estado percibe ingresos extraordinarios por el crudo, el país enfrenta problemas estructurales por la interrupción de suministros críticos.
La postura del gobierno de Gustavo Petro ha sido de rechazo absoluto. A través de la Cancillería, el Gobierno emitió un pronunciamiento tras los ataques del 28 de febrero, condenando el uso de la fuerza y advirtiendo sobre las consecuencias humanitarias: «El uso de la fuerza alimenta el odio y multiplica el sufrimiento… La paz no admite dilaciones».
El presidente Petro hizo un llamado global para evitar un colapso irreversible. «Estamos ante el riesgo de una guerra que lo destruya todo. América Latina debe ser un bloque de paz», manifestó el mandatario, quien ha instado a la ONU a establecer mesas de diálogo inmediatas para frenar la escalada nuclear y logística que afecta al hemisferio.
El riesgo de la escasez y la inflación
El principal problema económico radica en la dependencia de insumos externos. Colombia importa cerca del 75% de sus fertilizantes, y el bloqueo de rutas comerciales en el Estrecho de Ormuz ha generado una escasez de urea que ya dispara los precios en más de un 50%. Esta situación pone en jaque la seguridad alimentaria, pues producir en el campo colombiano es hoy sustancialmente más costoso que hace unos meses.
El petróleo Brent ha subido de precio —otorgando a Ecopetrol y al fisco ingresos adicionales proyectados en 12 billones de pesos—, este alivio financiero no llega al ciudadano de a pie. Al contrario, la volatilidad del crudo presiona el precio de los combustibles y devalúa el peso frente al dólar, que vuelve a actuar como refugio financiero global.
Colombia se encuentra en una situación limite. Si bien el gobierno cuenta con mayor liquidez fiscal, el espectro de la escasez de insumos básicos y el encarecimiento de la vida amenazan con borrar cualquier beneficio macroeconómico. La nota predominante en los pasillos de poder es la cautela: la bonanza petrolera no será suficiente para mitigar los problemas de un conflicto que ya se siente en la mesa de los colombianos
