Espectáculos

La noche en que ABC Mundial conquistó One Times Square

Por Raúl Zapata, director ABC MUNDIAL Colombia

Es la noche del viernes 18 de septiembre y Nueva York retumba. En la intersección de Broadway y la Séptima Avenida, se acerca el fin del verano el aire huele a humedad, pretzels tostados y el murmullo incesante de miles de caminantes que miran hacia el cielo. Pero esta vez, el equipo de ABC Mundial no observa los carteles publicitarios desde el asfalto. Esta noche, los reflectores nos iluminan desde abajo.

La experiencia comienza al atravesar las puertas de One Times Square, el edificio de 25 pisos construido en 1904 como sede del periódico The New York Times, un hito que rebautizó para siempre a la antigua Longacre Square. Un ascensor panorámico de cristal nos eleva a toda velocidad rozando las pantallas gigantes, ofreciendo un primer destello del mapa nocturno de la Gran Manzana.

Al desembarcar, la vorágine de la calle se transforma en un paseo inmersivo por el tiempo. El recorrido nos adentra en la historia viva de la ciudad a través de exposiciones interactivas que reconstruyen más de un siglo de transformaciones urbanas, modas y revoluciones mediáticas. La calidez del personal resalta de inmediato: cada guía nos recibe con sonrisas amables, atentos a cada detalle y dispuestos a compartir relatos de la metamorfosis neoyorquina con una calidez humana que contrasta con el ritmo frenético de la metrópoli.

El pulso se acelera al llegar al piso 19. Allí nos aguarda la pasarela de vidrio del Skywalk. Dar el primer paso sobre el suelo transparente exige un segundo de coraje: bajo nuestras suelas, a decenas de metros de profundidad, la marea humana camina entre el enjambre de taxis amarillos. Es una sensación electrizante de ingravidez; la ciudad parece flotar a nuestros pies mientras las luces neón rebotan contra el cristal.

Sin embargo, el instante más sobrecogedor aguarda al cruzar hacia la terraza exterior. Al salir al aire libre de la noche neoyorquina, el viento helado choca de frente, pero la vista paraliza. Estamos parados en la cima del edificio, en el corazón exacto de la terraza donde cada 31 de diciembre vibra el planeta entero. A pocos metros reposa la célebre bola de cristal plateada.

Estar ahí, en el lugar preciso donde millones de miradas se posan para presenciar el conteo regresivo y el descenso que despide al año viejo, transmite una energía indescriptible. Desde esta altura, observamos el hormiguero brillante de Times Square en un viernes por la noche con una perspectiva privilegiada. No somos simples espectadores; por unas horas, el epicentro del mundo fue nuestro mirador.