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Murió Piero: el cantante argentino que convirtió a Colombia en su hogar

La muerte del cantautor Piero De Benedictis a los 81 años deja triste a toda Latinoamérica.La voz que inmortalizó clásicos indispensables de la canción popular y de protesta como «Mi viejo», «Para el pueblo lo que es del pueblo» y «Que se vayan ellos» falleció tras permanecer varios días internado en Buenos Aires. Su partida deja un vacío profundo en el arte del continente, pero genera una conmoción de resonancia especial en Colombia, país con el que sostuvo una apasionada historia de amor y fraternidad durante más de cuatro décadas.

Nacido en Italia y criado en Argentina, Piero trascendió fronteras continentales para transformarse en un referente de la resistencia pacífica, el compromiso social y la memoria colectiva. Su relación con Colombia comenzó a cimentarse a finales de los años setenta. En medio de los años aciagos de dictaduras militares en el Cono Sur, el público colombiano acogió su propuesta poética y política como una bandera propia. Canciones libertarias como «Llegando los llegados» o «Soy pan, soy paz, soy más» resonaron con potencia en escenarios, auditorios y universidades de todo el territorio nacional, calando en distintas generaciones de colombianos. Aquel estrecho vínculo inicial dejó de ser meramente cultural para convertirse en un proyecto de vida personal y legal. Conmovido por el afecto popular, la calidez de su gente y la belleza de la geografía colombiana, Piero hizo de esta tierra su segundo hogar. En 1994, el Estado colombiano le otorgó la nacionalidad por adopción en un gesto de gratitud institucional y popular por su contribución inestimable a la cultura y a la paz.

Durante las etapas más difíciles del conflicto armado colombiano, el cantautor no actuó como un simple observador. Se involucró activamente en iniciativas sociales y humanitarias, promoviendo proyectos de reconciliación en zonas rurales y marginadas. A través de la Fundación Buenas Ondas y de múltiples conciertos benéficos, impulsó propuestas dedicadas a la infancia vulnerable, a la agroecología y al acompañamiento de comunidades víctimas de la violencia. Para el artista, la música no constituía un espectáculo mercantil, sino una herramienta viva de transformación social e integración comunitaria.»Colombia me salvó, me dio vida y me enseñó a sanar», repetiría en múltiples entrevistas cada vez que repasaba los hitos de su trayectoria. Tal era su arraigo que convirtió la zona rural del departamento de Cundinamarca en su refugio creativo durante largos periodos, donde compuso y organizó encuentros dedicados a la paz. La noticia de su fallecimiento desató de inmediato reacciones de dolor e In memoriam entre artistas, líderes sociales y seguidores en Bogotá, Medellín, Cali y la Costa Caribe. Colombia despide hoy no a un visitante ilustre ni a un artista extranjero en gira, sino a un compatriota adoptivo que cantó a los dolores y esperanzas de toda una nación. La poesía de Piero silencia sus acordes, pero su legado permanece indeleble en la memoria del país que lo acogió como a un hijo predilecto.