Turismo

Chicago: la ciudad de Jordan, Al Capone y el mejor cine del mundo

Especial por Raúl Zapata

Mientras el mundo del turismo espera con entusiasmo los días de la cita de Fort Lauderdale IPW 2026, la memoria nos devuelve con fuerza a la vibrante experiencia de Chicago 2025. Esta no es una cobertura para archivar en una carpeta; es una experiencia que se queda grabada en la retina. Recordar la «Ciudad de los Vientos» —la mítica casa de los Bulls de Michael Jordan, del legado de Al Capone y del inolvidable viaje de Ferris Bueller’s Day Off— es revivir el momento en que una metrópolis de acero y cristal te recibe con la energía eléctrica de un destino que nunca se detiene.
​En Chicago, el viento proyecta historias. Trae consigo el eco de la era de la Prohibición, el aroma de una pizza legendaria y el pulso de una ciudad que ha sido elegida como la mejor de Estados Unidos durante nueve años consecutivos. En junio de 2025, cuando la gran fiesta del turismo mundial se apoderó del mítico Wrigley Field, quedó claro que Chicago no es solo un punto en el mapa: es el escenario donde todo sucede.


El inicio de IPW 2025 fue una declaración de intenciones. Un desayuno de prensa de alto voltaje en el corazón de Wrigley Field, el segundo estadio más antiguo de las Grandes Ligas. Bajo el sol de la mañana y rodeados por las hiedras centenarias de sus muros, líderes del sector y periodistas de más de 60 países marcamos el comienzo de una semana que redefiniría el rumbo de la industrial
​Como señaló Geoff Freeman, CEO de la U.S. Travel Association, no estábamos allí solo por las acreditaciones, sino para construir el futuro: una proyección de 11 millones de visitantes adicionales y un impacto de 26.000 millones de dólares. Chicago es el escenario perfecto porque desborda resiliencia. El alcalde Brandon Johnson lo dejó claro: «La fuerza de Chicago proviene de su gente». Es una amabilidad real, de esa que se siente en cada «buenos días» al subir al famoso tren elevado (The L).

Su majestad Michael Jordan

​Seguimos con el deporte y es imposible caminar por estas calles sin sentir la presencia de un gigante: Michael Jordan. Para quienes crecimos admirando el vuelo del «23», la ciudad sigue vibrando con el eco de aquellos seis campeonatos que transformaron el United Center en una catedral del deporte mundial. No es solo baloncesto; es la nostalgia de una época donde los Bulls eran invencibles y el mundo entero se detenía para ver a «Su Majestad» desafiar la gravedad. Esa mentalidad ganadora y ese orgullo por la camiseta roja y negra siguen impregnados en el ADN de cada rincón, recordándonos que, en esta ciudad, las leyendas no solo se escriben, sino que se vuelven inmortales.

Una ciudad que es un set de filmación infinito


​Decir que Chicago es como vivir dentro de una película de Hollywood no es exagerado. Nuestra travesía nos llevó a Union Station, una catedral del transporte donde la arquitectura impone respeto. Al pie de su famosa escalinata de mármol, es imposible no visualizar la tensión de Los Intocables (1987) y aquel carrito de bebé cayendo en cámara lenta. Gracias Brian de Palma. Pero la ciudad también vibra con la comedia; es el escenario donde Ferris Bueller nos enseñó que «la vida pasa muy rápido» mientras bailaba en el desfile o visitaba el Art Institute. Te adoré Mia Sara Es cine en estado puro, bajo un skyline que quita el aliento.
​Pero el Chicago actual vibra al ritmo de las cámaras de hoy. Gracias a un acceso exclusivo para medios, entramos en los estudios Cinespace Chicago. Allí, el asfalto de la ciudad se funde con la ficción de la franquicia One Chicago. Caminar entre los sets de Chicago Fire, Chicago PD y Chicago Med es entender el motor de una industria que inyecta mística y vida a cada una de sus 77 comunidades. Es una ciudad que posa para la cámara con la elegancia de un rascacielos y la fuerza de un callejón de ladrillo visto.


​El ritual de la Deep Dish Pizza: El legado de Capone


Ninguna crónica está completa sin el festín de la Deep Dish Pizza. Más que una comida, es un monumento nacional cuya fama creció en los tiempos de Al Capone hasta convertirse en el símbolo culinario de la ciudad. No es una pizza para comer de pie; es una pieza de orfebrería que exige tiempo y cubiertos.
​En templos como Giordano’s o Lou Malnati’s, el aroma a masa mantecosa y tomate dulce anuncia el espectáculo. Cuando la sartén llega a la mesa, el primer corte es puro impacto visual: el queso se estira en hilos infinitos que desafían la gravedad, coronados por una salsa de tomate vibrante. Es robusta, potente y sin pretensiones; es, en esencia, la propia Chicago servida en la mesa.

​Mientras nos preparamos para los desafíos de 2026, las cifras de Chicago 2025 confirman su liderazgo: un verano récord con más de 3,56 millones de habitaciones ocupadas y una recaudación que rozó los 950 millones de dólares. Pero más allá del negocio, lo que prevalece es la hospitalidad.
​Chicago no ha sido elegida la «Mejor Gran Ciudad» nueve veces solo por su skyline imponente, sino por su capacidad de hacerte sentir parte de su historia. Al marcharme, con el eco de los trenes y la potencia de su cultura aún frescos, entendí que Chicago no necesita pedir permiso para destacar. Le basta con abrir sus puertas, encender sus focos y dejar que su propia energía haga el resto.

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