Mundial 2026

La tiranía de James hunde al futbol de Colombia

​Lo vivido ayer en el Camping World Stadium de Orlando fue la confirmación de un secreto a voces: la Selección Colombia se ha convertido en un régimen de privilegios donde la meritocracia brilla por su ausencia. La derrota 2 a 1 ante Croacia no fue un accidente táctico, fue la consecuencia lógica de un equipo que juega para los caprichos de su capitán y no para las necesidades del partido. El técnico Néstor Lorenzo también es culpable

​El título de esta columna no es antojadizo. Hablamos de una tiranía futbolística porque la presencia de James Rodríguez en el once titular parece ser la única verdad absoluta para Lorenzo, incluso por encima del sentido común. James Rodríguez no logró ser titular en un club de medio pelo de la MLS por culpa de su estado físico y su falta de competencia, en el partido contra Croacia deambuló por el campo durante 62 minutos con una marcha menos que el resto de los 21 jugadores.
​Mientras el fútbol moderno exige transiciones de vértigo, el juego de Colombia se detiene cada vez que el balón pasa por los pies de James. Su insistencia en retener la pelota de más, sumada a su nulo aporte en la presión alta, convirtió el mediocampo cafetero en una autopista para los croatas. Ver a un referente como Modrić —con más años y más títulos— sacrificarse en el repliegue mientras el «diez» observaba las jugadas con las manos en la cintura, fue, sencillamente, indignante.

​Colombia tiene muy buenos jugadores. Esta «dictadura del nombre» está hundiendo el potencial de un plantel que tiene con qué proponer algo distinto.
​Luis Díaz: Se le vio desesperado, bajando hasta su propia área para generar juego porque la conexión con el medio campo estaba rota por la lentitud del capitán.
​El recambio ignorado: Es incomprensible que jugadores con ritmo de competencia real sigan esperando a que James decida cuándo está cansado para poder ingresar.
​Fragilidad defensiva: El equipo se parte en dos. Al no tener once jugadores comprometidos con la marca, la defensa queda expuesta, como se vio en el gol de Matanovic, donde la pasividad fue la norma.
​​Colombia no puede seguir siendo un club de amigos que se reúne para rendir tributo a lo que sucedió hace una década. La tiranía de James no solo hunde los resultados, sino que asfixia la evolución táctica de un grupo que hoy parece no tener plan B. Si no hay balón para James, no hay idea; y si hay balón para James, no hay velocidad.
​Si Lorenzo no tiene la valentía de sentar al ídolo cuando el fútbol no le alcanza, el camino al Mundial 2026 será un calvario de nostalgia y derrotas. Ayer Croacia dio una bofetada de realidad: en la élite no se juega con el escudo ni con el nombre, se juega con el presente. Y el presente de James, por más que nos duela, es un lastre que la Selección ya no puede cargar.