Pasajeros en alerta por retiro de Plus Ultra y Spirit: tarifas disparadas y caos en rutas clave
La conectividad aérea internacional de Colombia atraviesa uno de sus momentos más tensos desde la pandemia. En menos de un mes, dos aerolíneas extranjeras —la estadounidense Spirit Airlines y la española Plus Ultra— han frenado sus operaciones en el país, generando un choque sistémico que afecta tanto al mercado como al bolsillo de miles de viajeros.
El caso más crítico es el de Spirit Airlines, cuya liquidación global, oficializada el 2 de mayo, dejó en tierra a más de 10.000 pasajeros colombianos con tiquetes desde Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali y Armenia. La situación es especialmente delicada porque, al tratarse de una quiebra bajo el Capítulo 11 de Estados Unidos, los usuarios no cuentan con los mismos mecanismos de protección que se activaron en las crisis locales de Viva Air y Ultra Air en 2023. Los canales de reembolso colapsaron horas después del anuncio, dejando a los viajeros sin claridad sobre la devolución de su dinero.
El impacto económico ha sido inmediato. Las rutas hacia Florida —particularmente Fort Lauderdale—, que con Spirit promediaban USD 180 a USD 200, ahora se cotizan entre USD 950 y USD 1.300 en aerolíneas tradicionales. Muchos pasajeros han perdido reservas de hotel, citas migratorias y compromisos laborales en Estados Unidos, sin capacidad financiera para asumir los nuevos precios.
A este panorama se suma la salida de Plus Ultra, que suspenderá sus operaciones en Colombia desde el 2 de junio, argumentando un incremento del 18% en los costos del combustible. Aunque la aerolínea ha prometido reembolsos, la devolución no compensa el alza tarifaria de la temporada alta europea. Un tiquete que hace meses costaba USD 700 hoy supera fácilmente los USD 1.700, generando un déficit adquisitivo cercano al 150% para quienes intentan reprogramar su viaje.
La falta de acuerdos de endoso agrava la situación: Plus Ultra no pertenece a una gran alianza aérea, por lo que sus pasajeros no tienen derecho a reubicación automática en otras compañías. La única alternativa es iniciar procesos de reversión bancaria (chargebacks) o radicar quejas ante la Superintendencia de Transporte.
El perjuicio económico trasciende el valor del pasaje perdido. Para los colombianos que dependen de la conexión con Florida, el impacto ha sido un golpe directo al bolsillo. Tarifas que promediaban los 200 dólares en el modelo «low cost» han sido reemplazadas por precios de emergencia en aerolíneas tradicionales que superan los 1.200 dólares. Muchos viajeros, sin presupuesto para este sobrecosto, han perdido reservas de hotel no reembolsables y citas legales en territorio estadounidense.
«El pasajero colombiano hoy no solo pierde un viaje, pierde la seguridad jurídica sobre su inversión en un mercado que parece no tener red de protección internacional» señalo un fuente del sector de agencias de viajes.
El efecto combinado de ambas salidas deja tres señales de alerta para el sector:
- Desconfianza en la preventa: los chargebacks han aumentado un 40% en una semana.
- Concentración tarifaria: el 85% de la oferta hacia Florida y España queda en manos de pocos operadores.
- Vacío regulatorio: vuelve a discutirse la necesidad de exigir fondos de garantía a aerolíneas extranjeras.
La Aeronáutica Civil intenta gestionar soluciones de reubicación antes de que los últimos vuelos de Spirit y Plus Ultra abandonen el país. Sin embargo, el daño ya está hecho: Colombia enfrenta una crisis de consumo sin precedentes en su conectividad internacional, y los pasajeros —una vez más— quedan como el eslabón más frágil de la cadena aérea.

