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Balotaje en Perú : El dilema entre la izquierda y la derecha

Este domingo un poco más de 27 millones de peruanos votarán para elegir, en segunda vuelta, la fórmula presidencial que gobernará el país hasta el 2031. El proceso electoral llega en un momento de profundo desgaste social, enmarcado en una compleja década de inestabilidad institucional en la que el país andino ha visto pasar a casi una decena de mandatarios. Tras una primera vuelta fragmentada en la que compitieron más de 30 candidatos, el electorado se enfrenta ahora a un choque de modelos diametralmente opuestos encabezados por Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.

Para Fujimori, líder del partido de derecha Fuerza Popular, esta representa su cuarta postulación consecutiva en una segunda vuelta presidencial. Su propuesta se enfoca en la defensa y continuidad del modelo macroeconómico vigente, la promoción de la inversión privada y el sector minero, complementado con una promesa de “mano dura” en materia de seguridad ciudadana y control fronterizo. La fuerza electoral de Fujimori se concentra principalmente en Lima y las regiones de la costa.

En la otra orilla se sitúa Roberto Sánchez, representante de la coalición izquierdista Juntos por el Perú y exministro durante la gestión del expresidente Pedro Castillo. Sánchez, cuyo principal respaldo proviene del interior del país y de las regiones del sur, capitaliza el descontento social promoviendo una transformación estructural a través de la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Su agenda económica plantea superar el modelo meramente extractivista mediante un proceso de industrialización y el fortalecimiento del sector agrícola.

El escenario técnico previo a la jornada dominical proyecta un panorama de extrema paridad. Los últimos simulacros de votación exponen un empate técnico, ubicando a Fujimori con una ligera ventaja que ronda el 36% frente a un sólido 33% de Sánchez. En este contexto de polarización, quien va a inclinar la balanza son los ciudadanos indecisos y los votos en blanco o nulos, que de forma conjunta superan el 30% del padrón electoral.

El próximo jefe de Estado heredará un poder legislativo altamente atomizado y un nuevo esquema bicameral, producto de las reformas constitucionales implementadas durante el período de Dina Boluarte. La capacidad de articular consensos con las diferentes fuerzas políticas del Parlamento será indispensable para garantizar la gobernabilidad y frenar el ciclo de interrupciones presidenciales que ha caracterizado la política peruana contemporánea.

Las autoridades de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y observadores internacionales han garantizado el despliegue logístico y la transparencia de la jornada, en unos comicios que la región entera observa de cerca por su impacto directo en el equilibrio político de Sudamérica.