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Efecto Mundial: La economía colombiana juega su propio partido

A días del comienzo la Copa del Mundo, las proyecciones financieras en Colombia ya se mueven al ritmo del balón. La denominada «economía del fútbol» se prepara para inyectar flujos multimillonarios de dinero, configurando un escenario de ganadores indiscutibles, pero también de sectores que deberán reacomodar sus estrategias ante una inminente redistribución del presupuesto de los hogares.

Según proyecciones de la firma de riesgo comercial Solunion, el impacto directo de la fiesta mundialista es masivo: se estima que cada compromiso de la Selección Colombia movilizará cerca de $60.000 millones de pesos en consumo, concentrados principalmente en alimentos, bebidas, tecnología y vestuario deportivo. A nivel regional, las expectativas son igualmente agresivas. La Secretaría Distrital de Desarrollo Económico proyecta que solo la dinámica comercial de Bogotá generará un movimiento de $1,6 billones de pesos durante la temporada del torneo, traduciéndose en un incremento neto de $377.000 millones en las ventas globales de la capital.

Los sectores en la cima del podio

Como es tradicional, el sector de servicios y entretenimiento nocturno lidera las proyecciones de crecimiento. Los gremios del entretenimiento nocturno y el comercio, liderados por Asobares y Fenalco, anticipan un incremento de entre el 35% y el 50% en las ventas de bares, gastrobares y restaurantes durante los días de partido del combinado nacional. Este fenómeno impulsa, paralelamente, un pico de contratación temporal de personal logístico y de servicio, dinamizando el empleo de miles de jóvenes.

El mercado tecnológico es otro de los grandes beneficiados. Datos históricos y de la Encuesta Mensual de Comercio del DANE confirman que la antesala del certamen acelera la renovación de electrodomésticos en los hogares. Las cadenas de grandes superficies y el comercio minorista proyectan un repunte de entre el 20% y el 30% en la comercialización de televisores y sistemas de audio de alta gama. Asimismo, el comercio electrónico y los canales tradicionales (como las cerca de 450.000 tiendas de barrio del país) estiman alzas del 30% en la demanda de pasabocas, licores y artículos oficiales de la selección.

La otra cara de la moneda

Sin embargo, el dinero que ingresa a las cajas registradoras de los bares y almacenes de tecnología no surge de un superávit financiero, sino de una estricta priorización en los hogares. Analistas económicos advierten sobre el efecto de «canibalización del gasto», un fenómeno donde los colombianos sacrifican ciertos consumos cotidianos o planes a mediano plazo para financiar la fiesta del Mundial.

Entre los sectores que ya se preparan para un enfriamiento temporal destaca la industria textil y de confección no deportiva. El calzado y la ropa casual ceden terreno ante la compra masiva de camisetas de la Selección. De igual forma, las industrias de bienes durables sufren un freno: los proyectos de renovación del hogar, como la compra de muebles, colchones o remodelaciones físicas, se postergan para el segundo semestre del año. El entretenimiento tradicional también se resiente; salas de cine, teatros y centros culturales registran caídas drásticas en su asistencia durante las horas de transmisión de los encuentros, ya que la atención absoluta del país se vuelca a las pantallas de televisión.

A nivel macro, el éxodo de cerca de 120.000 colombianos que viajarán a las sedes oficiales del torneo representa una importante salida de divisas y un desvío del capital que se habría invertido en el turismo local. En conclusión, el Mundial funcionará como un potente dinamizador sectorial y un catalizador de confianza comercial, pero obligará al aparato productivo nacional a competir agresivamente por una porción de un presupuesto familiar que, durante un mes, respirará y gastará exclusivamente en clave de fútbol.